Por Claudia Diego (Revista CXO Community Edición #12 - Sección Editor Desk)
“Ser o no ser, esa es la cuestión” – William Shakespeare.
Si de algo debemos estar seguros es de nuestra esencia, de nuestra identidad, de lo que somos. La identidad es al ser humano como el néctar a la flor.
La biometría no confía en algo que se tiene (una tarjeta de crédito) o en algo que se sabe (un PIN), sino en algo que está, que es (huellas dactilares, palmares o retina). Los identificadores únicos biológicos son electrónicamente leídos y convertidos en una cadena de unos y ceros la que se envía a un autenticador.
Allí, la información se compara con la cadena de números resguardada en los archivos de la base de datos de autenticación arrojando si quien dice ser, es.
“Nadie es como otro. Ni mejor ni peor. Es otro. Y si dos dicen ser lo mismo, es por un malentendido” - Jean Paul Sartre.
Podría inferirse que J. P. Sartre en su conocida frase predijo como malentendido a lo que hoy denominamos fraude. El fraude generalmente es definido en la ley como una tergiversación intencional de hechos materiales existentes realizados por una persona hacia otra con el conocimiento de su falsedad y con el propósito de inducir a la misma a actuar, y sobre el cual dicha persona, se apoya en una lesión o daño resultante.
El fraude es un comportamiento engañoso, deshonesto, corrupto y no ético.
Un fraude existe siempre que identifiquemos: un delincuente, una víctima y la ausencia de control o de garantías ante el hecho perpetrado.
En un mundo que cambia rápidamente, el fraude lo hace a una velocidad mayor. El fraude de identidad no es la única manera en la que personas inocentes son el blanco de los estafadores. El fraude de adquisición de cuentas públicas se ha incrementado a un ritmo exponencial desde el año 2007, momento en el cual nació, y la situación económica actual ha impulsado su crecimiento.
Una cosa que no ha cambiado es que el mundo depende de la confianza. Confiamos en que el distribuidor que nos envíe el artículo que hemos pagado online, de la misma manera que el comerciante confía en que nosotros paguemos por el bien adquirido: y esto es lo que hace al fraude, un crimen insidioso. La palabra crédito en sí significa "confianza". El fraude abusa de su confianza y al sufrirlo nos es muy difícil volver a confiar.
El fraude implica la falta de honradez en cualquiera de las siguientes situaciones:
- La obtención de bienes pertenecientes a otra persona;
- La aplicación de la propiedad de otro para uso propio;
- Causar un perjuicio a otra persona o entidad;
- Obtener un beneficio o ventaja captando la identidad de otra persona;
- Inducir a una persona a realizar una acción no deseada.
No existe una solución mágica, única, completa y simple que evite al fraude. Se necesita un enfoque de múltiples capas para mitigar los riesgos. Ser conciente de lo que puede pasarnos es un primer paso.
Nuestro mundo se ha convertido en un mundo virtual. Un ámbito donde interactuamos día a día sin ver, sin sentir, sin conocer y donde muchas veces depositamos nuestra confianza. El usuario promedio cibernético desconoce los riesgos a los que se expone. No se nos enseña a proteger nuestra información, nuestra privacidad y mucho menos a establecer los límites fronterizos para preservar nuestra identidad.
Ser o no Ser, esa es la cuestión; cuestión en la cual el Estado deberá accionar y formar parte, no ignorando el desconocimiento que se tiene y en consecuencia protegiendo la identidad de los ciudadanos.
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El autor Claudia Diego es miembro desde el Miércoles, 17 Octubre 2007.
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